viernes, 29 de agosto de 2014

Capitulo 13. El juez que presiona


Capítulo 13.
El Juez que presiona.


Mi amigo terapista de Oslo nos contó una historia acerca de un tío quien era capitán de un barco en el Este. Un indio quien había trabajado para él en el bote le informaba de cualquier cosa que hacía “Señor, he hecho este trabajo por arriba de sus altos estándares”. Nosotros nunca hacemos algo que pueda satisfacer “nuestros altos estándares”, pero tampoco paramos de intentarlo.


Uno de los factores más fuertes que nos mantiene sometidos en la creencia de que estamos paralizados en la pena es nuestro “juez que presiona". Es el lado opuesto de nuestra pena. El “juez que presiona" esta ahí para asegurar que seguimos reglas, estándares y directrices de nuestro condicionamiento. Cuando no lo hacemos nos llenamos de culpa y miedo. La energía del juez se presenta en la forma de voces internas, que pueden ser verbales o solo energéticas, diciéndonos continuamente hacer más, ser más, tratar más fuerte y otros.


La energía que enjuicia viene en forma de voces que dicen que no somos suficientes en cualquier tipo o forma -no suficientemente inteligentes, no suficientemente bellos, no suficientemente espirituales, no suficientemente sensitivos, no suficientemente entregados, no suficientemente valientes, etc. Nos juzga por lo hacemos y por lo que no hacemos, nos maneja, nos condena o crítica. Algunas veces no oímos esta energía como voces, pero lo podemos reconocer cuando colapsamos o nos sentimos apáticos y sin motivación.


Estos ataques pueden venir del exterior o de voces dentro de nuestra cabeza. Nuestro niño escucha las voces de nuestros padres, maestros, religión o cultura “debes hacer esto, no debes hacer aquello, eres mucho, no eres suficiente”. Llevamos todo esto a nuestro interior “Debo hacer esto, no debo hacer aquello, soy mucho, no soy suficiente”. Continuamente las amonestaciones, juicios y críticas del “juez que presiona" vienen de mucho tiempo atrás de una forma no verbal y que lo podemos escuchar no como un “tú” sino como un”yo”. Incluso no estamos conscientes que estamos bajo el pulgar del “juez que presiona" y creemos que esto es la vida. O podemos pensar que es “Dios” hablándonos. Sobre todos los años de condicionamiento severo y moralista, “Dios” ha adquirido mucha presión negativa.


Cada uno de nosotros tiene esta compleja energía en diferentes formas y cada uno de nosotros actúa con alguna combinación de voces internas y proyecciones exteriores. Tanto como creamos en lo que dice este “juez que presiona" siempre encontraremos gente en el exterior que lo aumente. En estos momentos, nos sentimos abusados e invisibles, sin darnos cuenta de que son las voces exteriores lo que vamos cargando en el interior. Si nos criticamos duramente en el interior, como muchos de nosotros lo hacemos, continuamente nos convertimos en moralistas, juiciosos, rígidos y críticos de otros también. Entre más duro sea nuestro “juez interior”  más dogmáticos y tenaces serán nuestros puntos de vista.

Formas en las que “el juez que presiona" se muestra.


1. Voces internas y sentimientos de presión, juicio y crítica.
2. Estándares propios duros y estrictos ante los ideales y la moral.
3. Voces externas (proyectadas en autoridad, amigos, parejas, etc.)
4. Condenación, juicio, crítica, rigidez y moralidad hacia otros.

Nuestro niño responde con rebelión o colapso


Es de ayuda ver que en respuesta a un ataque del “juez que presiona" hay una dinámica interna hacia el movimiento. Nos colapsamos y hundimos dentro de la pena y nos paralizamos ó rebelamos y nos dirigimos a la pelea. Esta dinámica ha estado ahí desde la niñez. Algunos de nosotros, por nuestra naturaleza, pudimos haber reaccionado predominantemente con colapso y resignación. Otros de nosotros son más del tipo rebelde. En cualquier caso, seguimos bajo el pulgar el juicio. Continua el show y reaccionamos como títeres.


Anita, una participante en un taller, llegaba muy tarde a las sesiones, cuando le preguntamos que le estaba pasando, dijo desde su estado de niña, que su madre siempre la carrereaba. Ahora, ella llega tarde a todo. Le dijimos que podía seguir llegando tarde si así lo quería. Pero como experimento ello hizo el compromiso de llegar a tiempo y ver que surgía. Después del segundo día, empezó a sentir una rabia interior por siempre haber sido carrereada en su vida. Era importante para ella conectar con esta rabia porque le dio la fuerza de romper con las fuerzas negativas de su represión. Antes de eso, ella solo expresaba su furia indirectamente en su crónica tardanza.


Ana Lisa, una joven del mismo taller vive con su madre y esta en pena y conmoción todo el tiempo. Ella se rebela olvidando hacer cosas que su madre le pide. Anita tomó la reacción de rebelión mientras Ana Lisa  ha tomado el colapso, pero detrás las dos tienen sentimientos de pena de rabia e impotencia y ha sido importante para ambas conectar con su furia.


Beatrice, una mujer en sus tempranos treintas, ha peleado toda su vida. No se puede imaginar que sería si no peleará. Puede ser lo más inusual sentirse colapsada porque no se permite experimentarlo. Pero desde que se ha identificado fuertemente con su rebeldía, es muy difícil permitirse ser vulnerable y sentir miedo. Para algunos como Beatrice para quien es familiar actuar en rebeldía, permitiéndose sentir el colapso puede ser el portal para adentrarse a su vulnerabilidad.


Sin embargo, nos hemos identificado fuertemente con la pena, la conmoción y el colapso, pero puede ser más creativo explorar la energía de la rebeldía Toma mucha valentía moverse, porque los miedos del castigo o aniquilación son poderosas si desobedecemos. Continuamente cuando empezamos a familiarizarnos con la rebeldía, podemos estar abrumados con el miedo y culpa y regresar a nuestro familiar estado de colapso. Después reunimos valentía una vez más y tomamos otro paso dentro de la rebeldía. Mientras estemos todavía en casa y se manifieste la rebeldía en contra del juicio, normalmente es más sana la reacción que colapsarnos, por el sólo hecho de que tiene energía. Y la energía nos permite crecer y romper con la tiranía del “juez que presiona".


Reaccionando al ataque del “juez que presiona"

“El juez que presiona"


“No eres suficientemente bueno”
“Puedes ser mejor, empuja más fuerte, etc.”



El niño emocional



Rebelión                                                                        Colapso


“No me digas qué hacer!”                                             “Estás en lo correcto, yo debería
        Trata más fuerte, “Puedes irte al infierno”                    hacerlo mejor!”

Podemos identificar el impacto de nuestro “juez que presiona" en ambas formas ya sea victimizandonos y victimizando a otros. Con algunas personas, podemos ser “el juez que presiona", con otros somos los niños emocionales siendo empujados y juzgados. Cuando nos sentimos fuertes e importantes, podemos abusar, ser impacientes, sentir frustración, criticar y demandar de los demás. Y naturalmente ponemos la misma presión y críticas en nosotros mismos. Puedo ver esto operando cuando juego tenis, si pierdo algunos tiros, una voz aparece “Krish, mete la bola” “Toma la bola” “No le pegues a la bola tan tarde” “Muevete” y otros. En esos momentos, no tengo duda de que el “juez que presiona" está siempre en mi cabeza y puedo empezar a sentirme a mi mismo llevado hacia la propia crítica. Y tengo que admitir que si pasa que estoy jugando con alguien que no esta cercano a mi nivel escucho las mismas voces contra él.

Haciendo nuestras propias reglas.


Siempre he tenido un montón de estándares altos de mi mismo que por supuesto no he podido vivir. Y después de traer todo esto a un poco de conciencia, pude establecer los mismos “altos estándares” sobre todos los demás y ponerlos a través de la misma tortura en la que continuamente me puse. Sigue pasando pero puedo identificarlo más tempranamente porque puedo regularmente sentir el dolor que causa. Cuando nos ponemos a nosotros mismos u otros bajo el ataque del “juez que presiona" es con profunda pena y nuestro niño emocional va conmocionado bajo presión.


Cuando creemos que el “juez que presiona" es la voz de Dios, es difícil decir que este complejo es sólo un resultado de un condicionamiento negativo. Cuando comencé a ver que  mi “juez que presiona" era un mentiroso, fue conmovedor. Era mucho más fácil solo aceptar estos estándares como verdad, así era como la vida “debía ser”. Había mucha seguridad en solo aceptar  “el juez que presiona" como la voz de la verdad. No tuve que cuestionar nada. Era básicamente vivir mi vida exitosamente obedeciendo estos comandos.


Construí compensaciones muy efectivas que creí que mi vida “funcionaba” si lo seguía. En mi caso, significaba ser un doctor quien dedicaba su vida a servir a los demás, que no se interesaba en las cosas materiales, que se mantenía ocupado aprendiendo y mejorandose a sí mismo, que no era arrogante, egoísta o pretencioso y quien era gentil y sensible con los demás. Si seguía estos lineamientos, me convertiría en un “mensh” (que en Yidish significa un hombre de alma y profundidad) . ¿Quien podía discutir con estos valores? El problema fue que me fueron dados con el fuerte mensaje de que era la única manera de vivir. Tenemos que aprender a encontrar nuestros estándares y valores.


Hay muchas formas de compensar. Podemos actuar, tratar de impresionar o luchar por poder y control. Podemos cultivar e identificarnos con roles,  que nos harán sentir bien acerca de nosotros mismos. Después podemos adherirnos con estos roles y no sentir nuestra pena cubierta. Todas estas compensaciones son profundamente mecanismos inconscientes originados en la niñez -las maneras en las que nuestro niño aprendió a enfrentarse con el “juez que presiona". Esto produce estrés interno que nos produce fácilmente cansancio, adicción o depresión.


Hay un libro que amo -La educación del pequeño árbol (The Education on Little Tree) de Forest Carter. Que muestra la forma en como un niño aprende a desarrollar sus propias formas de vivir. El recibe guía, dirección, soporte e incluso castigo pero es hecho con amor y tolerancia, que el pequeño árbol  crece en un núcleo de amor propio y confianza por sus propios juicios y capacidades. Sin la confianza interna y amor, crecemos aprendiendo a compensar y comprometer de acuerdo a los estándares que pusieron sobre nosotros. Aprendemos a escuchar a los demás y no a nosotros mismos. Crecemos como esclavos de nuestro “juez que presiona"


Con un poco de entendimiento de psicología, podemos tener compasión por nosotros mismos por ser dominados por esta agresión y represión interna. Como niños necesitamos guía. No podemos encontrar nuestro camino en el mundo sin ella. Naturalmente la guía que recibimos proviene de “gente grande”. Continuamente con las mejores intenciones, ellos nos imponen estándares y valores. El más libre y valioso estándar que aprendemos y el que más enseñaremos es confiar en nuestra inteligencia.


Para desarrollar una voz sana como guía interna, lo que llamamos “la guia”, necesitamos reglas flexibles, estándares razonables que están en sintonía con quienes somos como individuos, valores que son basados en amor, firmes pero amorosos límites y constante estímulo para aprender a confiar en nosotros. Pocos de nosotros lo obtenemos. Pero podemos empezar a dárnoslo.


Es solo descubrir y desarrollar confianza en nuestras reglas, estándares y valores que la tiranía del “juez que presiona" empieza a terminar. Empezamos sistemática y precisamente cuestionando qué si en lo que creemos ha sido heredado o es nuestra propia naturaleza. Es un proceso que continúa hasta que nos sentimos suficientemente fuertes y confiados en nosotros mismos. Después estamos fuera de esta dinámica.


He aquí algunos simples pasos para salir del “juez que presiona"

1. Reconociendo el ataque:  Involucra reconocer cada vez que estamos bajo ataque del “juez que presiona" y aprendiendo a identificar los detonadores -en particular la gente y situaciones, declaraciones y comportamientos que lo traen.


2. Sintiendo el ataque: Aquí, aprendemos a sentir el impacto del ataque -cómo se siente internamente cuando aparecen, qué hace en nuestra energía y qué pensamos acerca de nosotros cuando estamos siendo empujados y juzgados. Esto básicamente significa sentir la pena.


3. Identificando las raíces del ataque. Este aspecto involucra empezar a entender más acerca del origen de nuestro “juez que presiona" -cómo se formó nuestro condicionamiento. Podemos identificar cómo y cuándo nos sentimos atacados a través de recrear experiencias pasadas en nuestra vida -principalmente la represión, vida negativa, presión, comparación, críticas en nuestra niñez que pudieron ser directas o indirectas. Esto también involucra mayor claridad en lo que las voces nos dicen.


4. Reemplaza el “juez que presiona" por la “guia interna”, Cuando nos sintamos bajo ataque, podemos escoger reemplazar la voz o sentimiento del “juez que presiona" con el “guia interno”. La guía viene con energía y apoyo amoroso que está basado en compasión y entendimiento de nuestras fortalezas y debilidades individuales. Algunas veces, nos da un “exitoso zen” que nos despierta del sueño, nos fomenta a ir a nuestra visión de la vida o nos recuerda vivir de acuerdo a nuestro corazón y nuestra sensibilidad, pero la energía viene del amor y el apoyo.
“La gente te ha juzgado,
Y has aceptado su idea sin dudarlo.
Has sufrido por todo tipo de juicios de otra gente
Y tú has usado esos juicios en otras personas.
Si quieres salir de eso,
La primer cosa es: No te juzgues a ti mismo,
Acepta humildemente tus imperfecciones.
Tus fallas, tus errores, tus debilidades
Solo se humano”
-Osho


Ejercicio:


1. Empieza a traer conciencia a los tiempos en los que te sientes mal acerca de ti mismo. Identifica que desata que te sientas de esta forma.


*¿Qué gente en particular causa el ataque y  qué hace esta gente? ¿Te comparas desfavorablemente con ellos? ¿Qué juicio o crítica sientes?


*¿Qué situaciones específicas causan este ataque? ¿Es cuando éstas presionado? ¿En espera? ¿Te sientes abrumado o intimidado?


*¿La crítica, culpa o juicio vienen de fuera o de dentro de ti?


* ¿Como te sientes cuando estás bajo el ataque?  Pon atención en las sensaciones del cuerpo que acompañan los ataques de tu “juez que presiona"


*¿Qué te dicen las voces cuando tu niño interno está bajo ataque?


2. Cuando identificamos que estás bajo el ataque de tú “juez que presiona",¿qué recuerdos específicos tienes de tu niñez?


*¿Qué situaciones recuerdas que fueron similares?


* ¿Quién estaba empujandote o juzgandote -padres,maestros, alguien más?


*¿Cuál es el mensaje verbal o no verbal que recibías en ese momento?


*¿Qué empezaste a creer de ti como resultado de este ataque?


3. Cuando estas bajo ataque, ¿cómo respondes? Identifica cuándo y cómo te colapsas. Identifica cuándo y cómo compensas.


4. Haz un dibujo que represente tú “juez que presiona". Escribe lo que te dice. Pregúntate a ti mismo si lo que dice es cierto. Identifica las veces en las que puedes identificarte totalmente con tu niño emocional creyendo que el “juez que presiona" esta en lo correcto en lo que dice y sintiendo que estás en total ataque. En otras ocasiones, puedes poner más distancia. Identifica si estabas siendo observado por alguien más.   


5. Ahora haz un dibujo de tu “guia interna”. Escribe lo que está energía te está diciendo.

,

lunes, 25 de agosto de 2014

Capitulo 12. Pena y culpa.



Capitulo 12. Pena y culpa.

Otra de las experiencias internas de nuestro niño emocional es la pena y culpa. Pena es el profundo sentimiento de no ser suficiente. Yo creo que cada uno de nosotros tiene sus propias palabras para describir esta experiencia interior. Pero de cualquier forma en la que se describa, no debe ser buena.

Cuando fui tomado por mi pena, incluso no podía sentirme. No solo no tuve una experiencia positiva de mi mismo, no tuve ninguna experiencia. Mi energía desapareció, todo parecía como mucho esfuerzo. No podía imaginar que podía ser competente en algo y que nadie podía amarme y respetarme. Si alguien me preguntaba “¿Cómo te sientes?”  venía un pensamiento de que la persona hablaba un lenguaje de que no conocía.

Para empeorar las cosas, empecé a comportarme en formas que reforzaban esos sentimientos. Empecé a decir cosas estúpidas, hacer todo tipo de errores, comencé a dejar desastres a mi alrededor y a no completar las cosas que estaba haciendo o hacerlas de forma desastrosa, era como estar aturdido. después me sentí culpable por ser un obstáculo e irme profundamente dentro de un hoyo. Desde este lugar, podía mirar y ver el mundo donde todos los demás eran exitosos pero yo siempre era una total fracaso. Cuando estaba en este lugar, normalmente no podía imaginar que había algo más. Creía que eso era quién era, es así como es la vida y nada cambiaría.

Un día, a la mitad de la redacción de este capítulo, estaba sentado en una peluquería en Sedona, Arizona donde vivimos, esperando por el corte de pelo. Una mujer estaba finalizando de tener su corte, se detuvo brevemente a mirarse a sí misma en el espejo y se alejo de tal forma que nadie la pudo ver. En realidad era una mujer atractiva pero contuvo su cuerpo y camino de tal forma que podría decir que ella no pensaba de esa forma.

Si sostenemos un espejo frente a nosotros, la primera impresión normalmente es pena. Invariablemente encontraremos algo que no esta bien y que necesita ser mejorado. ¿Recuerdas la última vez que te sentiste excluido o que no pertenecías a algo? ¿O la última vez en la que te sentiste rechazado o fracasado en algo importante? ¿O cuando estuviste con alguien y dijiste algo inapropiado?  ¿O cuando estuviste con alguien que respetas y no pudiste ser tu mismo? esos momentos provocan nuestra pena. ¿Puedes recordar cómo se sienten esas experiencias? Cuando la pena nos toma, sentimos como que no estamos bien en la manera en que somos. Podemos sentir nuestra pena extremadamente en lo que llamamos, “ataques de pena”, pero básicamente está todo el tiempo. Para algunos de nosotros, la pena nos invalida .



Las voces de pena.

Nuestra pena es reforzada por nuestras voces internas quienes constantemente nos evalúan y nos recuerdan que somos defectuosos y que tenemos que cambiar para ser mejores. Hacerlo, para ser un ganador, alguien exitoso. Llamamos a esto  “ el juez que empuja” el cual estaré citando en mayor detalle en el siguiente capítulo. Sin nuestra pena, “el juez que empuja” podría incluso no existir. Nuestra pena nos dice que todo lo que puede decir “el juez que empuja”  es absolutamente cierto.

El más paralizante aspecto de la pena es apartarnos de sentirnos -nos separa de nuestro centro. La pena nos hace sentir desconectados de la experiencia de sentirnos en casa. Y para muchos de nosotros que hemos sentido pena por mucho tiempo, nunca hemos sabido como es sentirse en casa. Nos hemos identificado con nuestra pena.

Hace algún tiempo atendí un entrenamiento de tres años de sanar traumas, consistente en cuatro días tres veces por año. Por el intenso horario manejado en los talleres, tuve que atender cada sección en diferente lugar, con diferentes profesores, siempre con nuevas personas. Me di cuenta, especialmente en el inicio que me sentí extremadamente inseguro. Incapaz, de esconderse detrás de mi acostumbrado rol de líder, me pude sentir torpe y como recién llegado al bloque. Cuando la gente tomó el descanso, quise ser incluido en una de las reuniones pero fue demasiado vergonzoso preguntar si podía integrarme. Finalmente, superé mi orgullo y me arriesgue a pedirlo y la gente me recibió amorosa y abiertamente. Me ayudó saber que era la pena lo que estaba sintiendo, que fue natural desde que fui nuevo y fui ocupando mi papel. Me permití sentirlo y a través de preguntar a la gente si podía unirme, de alguna manera lo superé. Para el tercer día, me sentí incluido y la pena desapareció.

“Ganador” o “Perdedor” son iguales en pena.

Todo lo que tenemos es pena, pero cada uno la maneja diferente. Para algunos de nosotros, nuestra pena esta en la superficie y estamos constantemente plagados con sentimientos de inadecuación. Podemos estar profundamente identificados con ser un “perdedor”. Otros de nosotros alternan entre sentirse sin valor o adecuados dependiendo de cómo estemos en el mundo. El éxito nos eleva, mientras que los fracasos nos hunden. Vamos adelante y de regreso entre sentirnos inferiores o superiores, un “ganador” o un “perdedor”, dependiendo de la retroalimentación que tengamos. Esto siempre fue así para mi.

Hay otros de nosotros quienes han compensado muy bien la pena por el ser “exitosos” tanto que podemos ver a otros como “perdedores” mientras creemos que somos los “ganadores”. Pero por aquello que hemos compensado nuestra pena, nos puede tomar un trauma de pérdida, rechazo, enfermedad, accidente o cansancio por ser una persona que mira profundamente y descubre la pena detrás de una máscara.


Siempre he vivido con la creencia de que cuando los pensamientos y sentimientos de  fracaso y de ser inservible aparecen, la acción es no ir dentro de ellos, y tratar con todas las fuerzas. Mi pena siempre estuvo ahí pero creí que ir hacia ella era un signo de debilidad y flojera. Además, si me dejaba adentrar no veía ningún valor al permitirme sentir pena. Pero tuve que ver que cuando no tomo el camino hacia la pena, no me puedo encontrar. Ya sea cuando colapsamos en pena o la compensamos para superarla, nuestra vida interna recuerda ser manejada por pena.

En el camino del verdadero propio descubrimiento, intimamos más profundamente con este sentimiento interno que dice “Soy inadecuado, soy un fracaso y por lo tanto tengo que esconder mis inadecuaciones u otros sabrán la verdad acerca de mi”. Es una parte crucial del camino porque nos hace más humanos. Es un tipo de rito. Cuando cubro mi pena con compensaciones, empiezo a sentir que estoy alejándome de mi mismo. Ese es un miedo al acecho debajo de la superficie, que no se va a pesar de todos los esfuerzos por superarlos.

El ciclo de pena.

Muchos de los comportamientos automáticos provienen de nuestra pena. Con una apenada identidad, no confiamos en nosotros mismos y en nuestra estima, la atención y el amor dependen de otros. Nos convertimos en complacientes, hacedores, rescatadores -cualquier rol y comportamiento nos dice cuán desesperadamente  necesitamos cubrir el vacío que la pena nos trae. Creí que mi valor y sustento dependía de lo que hiciera -sin mis logros, no sería nadie. Las mujeres constantemente identifican su valor con ser amadas y cuánto reciben mientras que los hombres se evalúan a sí mismos en cómo se desempeñan.

Nuestra pena herida nos lleva a un trance de pena. Desde este trance, vemos el mundo como peligroso, una jungla competitiva donde es sólo lucha y no amor. Desde éste trance, también creemos que si no luchamos, competimos y comparamos no sobreviviremos. Y finalmente desde nuestro trance de pena creemos que otros son mejores, más adorables, más exitosos, más sensibles, más espirituales, más cordiales, más valientes, más conscientes y otros. Todos estos pensamientos acerca del mundo y otras personas también perpetúan nuestra pena porque afecta como la gente nos ve y nos relacionamos. El mensaje que emitimos desde nuestro trance de pena es básicamente: “no soy digno de ser amado y respetado por lo que me puedes rechazar, abusar o tomar ventaja de cualquier forma en el momento que gustes”.

Desde nuestro propio sentido de pena, vamos hacia otros buscando validación. Vivimos en compromiso. Nos relacionamos desde el compromiso. A medida que nos acostumbramos a vernos como a alguien que compromete, nuestra propia imagen de pena profundiza. Este comportamiento invita al rechazo e incluso nos hace sentir menos autoestima. Desde nuestra fracturada imagen propia,  nuestra tensión interna se construye y nos podemos mover fácilmente dentro de algunas formas de comportamiento adictivo y compulsivo. Todo esto se suma a nuestra pena.

El ciclo de pena

Propia imagen de pena


                                         Adicciones                                          Ansiedad



                                         Mas ansiedad                              Comportamiento de pena



Rechazo   


Mientras que la pena es un fenómeno que nos afecta globalmente, es también algo que podemos observar más fuertemente en algunas áreas de nuestra vida y menos en otras. Algunos de nosotros, por nuestro pasado, podemos tener profunda pena e inseguridad conectada a nuestro cuerpo, sexualidad, creatividad, valentía y propia expresión, empezando por los padres hacia nuestros sentimientos y sensibilidades. Esta pena afecta la forma en como nos relacionamos y continuamente nos contiene de abrir nos por completo. Podemos sentir que es una profunda cicatriz en nuestro ser y sentimos desesperanza para superarlo. Desde nuestra pena, tenemos una culpa perpetua. Tenemos siempre el sentimiento de que hicimos algo mal.

En un nivel, más de lo que creemos acerca de nosotros mismos desde nuestra pena aparece la verdad. Las voces de pena parecer validar las experiencias de vida. Nos sentimos sin la posibilidad de ser amados y de ser rechazados. Nos sentimos cobardes y nos podemos ver a nosotros mismos como contraídos para tomar riesgos. Sentimos como que no tenemos nada de valor para dar y nos juzgamos y criticamos. Si esto realmente nos llena ¿cómo salir? ¿cómo podemos penetrar la mentira de la pena?

Saliendo del trance de la pena

He aquí unos simples pasos para sanar la pena.

1. Sentirlo y exponerlo

La pena no es una experiencia genuina de nosotros. Pero no podemos ir más allá sin adentrarnos. No es fácil permitir sentirla sin automáticamente correr dentro de alguna distracción o compensación. Nos hace sentir pesados, aburridos, dormidos y deprimidos, cubriendo nuestra energía vital con una pesada sábana. En la pena, no confiamos e incluso no conocemos lo que sentimos, pensamos, decimos, necesitamos o intuimos. Las “voces de pena” no sólo nos condenan sino todo y todos alrededor también. El mundo aparece como hostil y oscuro. Incluso es difícil compartir que tenemos pena porque todo lo que necesitamos esta oculto. También tenemos miedo de que la gente nos condenará incluso más de lo que nosotros lo hacemos.

Pero a través de entender qué es y de dónde viene, tenemos la habilidad de experimentarlo y exponerlo. A través de tomar el espacio interior para sentirlo, verlo y exponerlo cuando viene, lo sanamos. Nos trae profundidad y sensibilidad.

2. Identificando los detonadores

Una vez que reconocemos que tenemos pena y nos damos el espacio de sentirla cuando aparece, podemos empezar también a identificar los detonadores que provocan nuestra pena. Algunas veces es obvio y otras veces es sutil. Nuestros detonadores personales tienen mucho que ver con nuestra historia original de pena.

3. Conociendo nuestra historia de pena.

Cuando empezamos a entender cómo obtuvimos la pena, nos produce tremenda compasión por nosotros mismos. Empezamos a entender que no hay nada malo con nosotros; nuestros sentimientos de inadecuación vienen de nuestra pena. La pena ocurre cuando nuestro niño en  natural espontaneidad, amor propio y vitalidad es callado y cuando sus necesidades esenciales no son satisfechas. Aparece como resultado de abuso, condenación, comparación o expectación que se deposita en nosotros como niño -Aparece también cuando el niño es infectado con la represión, miedos y actitudes de vida negativas de sus padres o la cultura en la que creció. Y aparece con el abandono y con cualquier tipo de abuso. Cada uno de nosotros tiene su única experiencia de pena.

4. Reconociendo nuestras compensaciones.

Cuando vamos dentro de nuestra pena empezamos a reconocer las formas en las que nos alejamos de ella. Cada uno de nosotros tiene su propia forma de no sentir la pena y una forma de encubrirla, generalmente caemos dentro de una o dos categorías: inflamos o desinflamos. Cuando inflamos estamos presionando nos a hacerlo mejor, ser mejor, trabajar más fuerte, dar una mejor impresión, obtener un trabajo, escalar a la cima, mantenerse en movimiento, etc. Cuando inflamos, llevamos nuestra energía a asegurarnos que la pena no nos dominará. Nunca  se puede estar relajado ya que nos sentimos amenazados por la pena. Desinflar es el lado opuesto, nos rendimos y colapsamos, en lugar de mantenernos en la lucha, desinflar es aventarnos de la torre. Algunos de nosotros nos rendimos tiempo atrás porque era demasiado impresionante y demasiado doloroso mantenerse en la lucha. O podemos rendirnos en algunas áreas mientras que en otras nos mantenemos inflando.

5. Tomando espacio desde el trance.

Muchos de nosotros tenemos momentos cuando somos libres de pena -por ejemplo, en la naturaleza, al crear, al meditar, al amar a alguien, al practicar algún deporte o actividad, etc. Si podemos sentir cómo nos sentimos en esos momentos ayuda a darnos cuenta cuál es el estado de trance. Nos puede dar alguna perspectiva. También dándonos conciencia de diferentes aspectos de nuestra pena - cómo se siente, cómo se produce, de dónde viene y cómo nos mantenemos alejados de ella. -empezamos a identificarla.

Incluso podemos decirnos:
“Esta es mi pena. No es quien yo soy, pero por ahora, me siento fuerte y convincente, elijo dar un paso atrás, mirar y sentir. Me rindo al universo y continuo con mi vida y mi visión de la vida”

Hubo una ocasión cuando no me pude imaginar como alguien con dignidad o alguien centrado, sin embargo llegó, claro que hay momentos en los que mi pena regresa pero no son largos períodos como solían ser. Alguien alguna vez preguntó a mi maestro como uno puede reconectarse con el “Si” interno, el respondió que este sentimiento de “Si” es nuestra naturaleza. A través de aprender a ver nuestra mente negativa, sin juicios o sin tratar de cambiarla, es natural que el  “Si” aparezca por cuenta propia,

6. Tomando pequeños riesgos.

El último ingrediente que nos saca de nuestro estado de trance involucra tomar pequeños riesgos que desafíen nuestra vieja forma de vivir y de vernos. La pena nos limita a vivir, pensar y comportarnos en una forma familiar, una que perpetúa la pena al ciclo de la pena. Cuando tomamos un riesgo, rompemos el ciclo de negatividad, Este riesgo puede ser sólo acerca de cualquier cosa -comunicar nos cuando normalmente estaríamos en aislamiento, hacer algo que desafíe nuestro condicionamiento, tomar un viaje que nos aleje de nuestra ciudad o país, teniendo diferentes tipos de amigos, empezar una nueva actividad y otros.

Tengo un amigo cercano quien ahora es terapeuta con una próspera carrera en Oslo. Pero antes de eso, trabajó durante once años como gerente de una fábrica de chocolate. Era tan desgraciado cuando estaba en ese trabajo que se encerraba en su oficina a comer chocolate hasta que se sentía enfermo. Ahora bromeamos que pasar por la pena es como sobrevivir “once años en la fábrica de chocolate”

“El niño -cada niño alrededor de la Tierra, en todas las sociedades-
Es forzado a renunciar a su ser
Es forzado a aceptar las opiniones de otros acerca de si mismo
Cada niño nace aceptándose a sí mismo tal como es
Cada niño nace con un gran amor a sí mismo
Tiene amor propio, respeto propio porque no tiene una mente todavía”
-Osho
Ejercicios:

1. Localizando nuestras áreas de pena.

La pena nos puede golpear en cualquier nivel de nuestro ser. En este ejercicio, se puede obtener conciencia de áreas específicas de la pena, Con cada área escribe cualquier sentimiento de pena, inferioridad, inseguridad o inadecuación que sientas.

* Sexualidad- por ejemplo potencia, orgasmos, interés, miedos

* Cuerpo y apariencia- por ejemplo. forma y talla, atractividad, edad, ropa

* Sobrevivencia - por ejemplo, habilidad para ganar dinero, seguridad

* Sentimientos - por ejemplo, habilidad para sentir tristeza, apertura, sensibilidad

* Poder -por ejemplo, asertividad, habilidad para sentir y expresar furia, conocer y expresar lo que necesitas, o ser irresponsable, flojo, impresionable y controlado por miedos

*Alegría -por ejemplo, habilidad para ser espontáneo, sentimiento de ser demasiado serio o responsable.

* Creatividad -por ejemplo. reconociendo y ser capaz de expresar tus  dones

*Claridad -por ejemplo, viviendo tu vida como quieres, identificando tus prioridades en la vida.

2. Conciencia de compensación

¿Cómo te comportaste y te comportas en pena? ¿Cómo tratas con tus miedos?

* Contigo mismo - ¿Pretendes que no esta ahí? ¿Te juzgas a ti mismo? ¿Colapsas? ¿Presionas rápido y fuertemente?

* Con otros - ¿Te alejas de tu mundo? ¿Peleas o atacas? ¿Tratas de complacer? ¿De ser entretenido? ¿Defendiéndote a tí mismo?

* Encontrando una manera de distraerte a ti mismo -¿Con alguna sustancia o actividad?

3. Siendo con pena

¿Puedes identificar cuándo es para ti que estás atrapado en pena?

* ¿Cómo se siente?
*¿Como ves el mundo cuando estas en el estado de trance de pena?

*¿Que piensas que los demás piensan de ti?

*¿Qué piensas acerca de ti mismo?

*¿Que necesitas de los demás?

4. Tomando espacio
¿Puedes pensar en alguna actividad que puedas hacer y que te haga sentir feliz? ¿O alguna situación recientemente que te haya hecho feliz? Describe el sentimiento (Ese es tu estado esencial)








  

miércoles, 6 de agosto de 2014

Capítulo 11. La infección.


Capítulo 11.
La infección.

Hace algunos años, estaba haciendo un taller de terapia muy intenso que estaba enfocado en el condicionamiento en la niñez. Uno de los más importantes descubrimientos que hice en esta experiencia fue que muchos de mis miedos eran realmente los miedos de mi madre. Sabía esto intelectualmente pero realmente no lo había experimentado tan vívidamente. Siempre me había enlazado con ella muy cercanamente y como resultado, sin saberlo veía el mundo a través de sus ojos. En nuestro trabajo, llamamos a este fenómeno de tomar los sentimientos y formas de pensamientos de con quien crecimos “la infección”.

La infección son todas las formas en que nuestra energía ha sido afectada negativamente por condicionamiento. Son todos los pensamientos reprimidos y miedos que traemos  sin saberlo, todas las expectativas y sentimientos negativos de limitación que respiramos desde nuestros tutores.

Como niño, estamos indefensos y somos receptores de todos los miedos y negatividad de nuestros tutores y de la represión de la sociedad en la que cada uno de nosotros creció. Llamamos “la infección” porque entra en nuestros pensamientos y cuerpo sin nuestro conocimiento y se extiende afectando toda nuestra energía, nuestra autoestima, creatividad, relaciones, sexualidad e inteligencia -en corto, todos los aspectos de nuestra vida.

La infección explica nuestros patrones negativos.

La infección ayuda a explicar el gran acuerdo acerca de la experiencia interior del niño emocional. Constantemente es difícil entender de otra manera cómo es que tenemos mucho miedo, pena, inhibición y dudas sobre nosotros mismos internamente. La infección ayuda a clarificar cómo nos encontramos repitiendo estilos de vida negativos y patrones que pertenecieron a nuestros padres. Claro que no todo de lo que estamos infectados es negativo. También heredamos muchas cualidades positivas. Pero estoy enfocándome en cómo nuestro niño emocional se desarrolló en miedos, pena y desconfianza. Y gran parte proviene de a infección.

Si exploramos un miedo o comportamiento en específico, podemos regresar a la actitud o comportamiento de miedo de uno de nuestros tutores. Las formas en las que nuestros miedos se expresan en nuestra vida hoy en día reflejan a uno o ambos de nuestros padres expresando miedo. Nuestra negatividad y actitudes de juicio que aplicamos a otros y a la vida en general también reflejan actitudes similares de nuestros padres. Nuestras actitudes hacia el dinero, sexualidad, éxito o disfrute pueden estar relacionadas con nuestro condicionamiento, las creencias que aprendemos de nuestros padres, maestros, sacerdotes u otras personas importantes es lo que traemos constantemente a nuestra vida. Anterior a explorar nuestro mundo interior no habíamos cuestionado nuestras creencias o su origen. Y la infección va más profundamente que sólo lo absorbido de nuestros tutores tempranos. Está en el mismo aire que respiramos. La represión, creencias negativas, defensivas, competencia y  presión son profundamente integradas en nuestra cultura. No lo podemos evitar.

La infección se convierte en nuestra identidad.

Otra forma de entender la infección es ver lo que hemos amoldado de acuerdo a todos los reflejos, represiones, creencias y comportamientos que se nos han transmitido. Literalmente nos convertimos, en lo que se supondría que seríamos. Y así es como ahora pensamos y nos sentimos. Nos convertimos en autómatas actuando de acuerdo a un libreto. La infección hace el molde y todos nuestros conceptos de quienes somos, es la escultura que viene del molde. Antes de explorar mi condicionamiento, era inimaginable pensar o actuar diferente. Eso era sólo quién y cómo era.

Hace algunos años, Amana y yo, mientras viajábamos de un taller a otro, pasamos la noche con un amigo quien estaba al cuidado de una larga villa en Florencia. Las personas quienes vivían ahí, una familia Americana viviendo en Europa, estaban fuera en un viaje. El esposo de la familia era un ocupado ejecutivo quien casi no estaba en casa y la esposa en la enorme casa vivía prácticamente sola con sus dos hijos. Ella se quejaba frecuentemente con nuestro amigo de cuan enojada estaba por la situación. En la pared de su habitación estaba un certificado personalizado del Papa bendiciendo el matrimonio. Me di cuenta de que la situación entera -el matrimonio basado en la inconsciencia y una familia viviendo sin amor real o conexión, era claramente una consecuencia de la infección. Ambos venían de una familia estricta y religiosa donde los padres habían vivido juntos sin consciencia y conexión. Parecía que estaban imitando la vida de sus padres.
Tomar el coraje de descubrir nuestra infección y liberarse de ella requiere de gran fortaleza. Pasamos mucho tiempo de nuestra vida creyendo que las voces de nuestro interior y nuestras críticas eran verdad y de la misma forma creyendo que nuestras deficiencias son quienes somos. Nuestra infección nos ocupo muy tempranamente y tan profundamente que nunca lo supimos y lo diferenciamos Pensamos que nuestra infección es quienes somos. En nuestra más profunda identificación.

Algunas de las personas que atendemos en los talleres de diferentes países alrededor del mundo continúan adentrándose más profundamente con nuestro trabajo. Sabiendo y mirando el progreso en un periodo o algunos años, nos da la oportunidad de ver profundos cambios en sus vidas. En algunos países, Turquía o Taiwán por ejemplo, incluso acudir a un taller es revolucionario. Pero sin considerar el país y el condicionamiento vienen durante este tiempo y muchos de ellos se encuentran haciendo grandes cambios en sus vidas -continuamente dejan trabajos que no les gustan, terminan o cambian relaciones, especialmente con la familia de origen. Hacer estos cambios toman  tiempo y paciencia. Del espacio de nuestro lado sensible y vulnerable, es aterrador romper con el abandono, castigo y quizás condenación eterna. A esta parte de nosotros, adhiriendo estas creencias y comportamiento la vida es por si misma -supervivencia y pertenencia.

La infección puede ser escondida.

Algunas veces no podemos descubrir por qué actuamos en la manera que lo hacemos. Las razones pueden ser secretos de familia o tendencias que nos convierten en infectados tempranamente. Por ejemplo, un hijo o hija de un alcohólico puede tener una fuerte tendencia adictiva en situaciones de estres. Otra persona cuyos padres fueron estrictos, religiosos, juiciosos y represivos facilmente puede ser rígido también. Un hijo o hija de un hipocondríaco puede encontrarse plagado de miedos o enfermedades. El hijo de un padre suicida puede tener pensamientos similares. Y así podríamos mencionar inmumerables ejemplos. Algunas veces, estos comportamientos y tendencia pueden incluso venir de nuestros abuelos o familiares. O un niño puede estar actuando un secreto familiar y solo cuando es revelado, la persona es capaz de explicar el comportamiento y creencia.

Recuperándose de la infección.

Cuanto más profundo exploremos nuestra infección y más y más descubramos nuestras actitudes, comportamientos y energía, el comportamiento y energía serán afectadas. Necesitamos examinar la creencia y actitud que mantenemos para ver ya sea a donde pertenecemos o es parte nuestra infección. Esto incluye gradualmente explorar nuestras actitudes acerca del sexo, sentimientos, poder, desenfreno, responsabilidad, espiritualidad, relaciones, matrimonio, crianza de los hijos, cuidado del cuerpo, comida, aprendizaje, dinero y trabajo. Cuando empezamos a mirar todas estas cosas con el cuestionamiento en mente, lentamente nos desinfectamos. Si se siente bien en el vientre, somos nosotros, si no, es la infección, pero puede no ser posible sentir al principio, si algo se siente bien en el vientre. En mi experiencia, toma tiempo desarrollar esta conciencia.

Ha sido de ayuda regresar periódicamente a mis raíces y ver qué es mío y qué no lo es. En cualquier visita que hacía a los miembros de mi familia, era la oportunidad de observar mi infección. Al principio necesité tomar un buen tiempo antes de poder sentirme lo suficientemente fuerte para regresar. Empecé a romper con mis condicionamientos hace casi treinta años cuando dejé la escuela de medicina. Ese fue en alguna forma, el más importante y valiente paso que he tomado porque fui capaz de ver en ese tiempo, que no estaba manejando mi vida.

Eso empezó el proceso de encontrarme a mí mismo, lo que continúa hasta hoy. Mis prioridades cambiaron de éxito a verdad interior. Eventualmente, regresé a la escuela de medicina y después a hacer mis residencias en medicina familiar y psiquiatría, pero las cosas nunca fueron igual. Me había bajado del tren y no lo volvería a tomar.

Trabajar a través de la infección es un poco como matar un dragón. Nuestro condicionamiento es como una gran llamarada de fuego, que trata de extinguirnos con su flama si salimos un paso de la línea.

Nuestro niño emocional no tiene el coraje de pelear con este dragón. Pero otro espacio en nuestro interior puede. Nuestro “buscador” es Jason, el Hércules de nuestro ser. Estaré tratando de este aspecto de nuestro ser en un capítulo posterior. Pero no importa cuán fuerte sea nuestro buscador, si queremos permanecer conectados con nuestra sensibilidad, tenemos que estar conectados también con los miedos de nuestro niño emocional.

En mi experiencia, si la intención de encontrarnos a nosotros mismos es sincera, el comportamiento y creencias que no son de nosotros lentamente desaparecen. La vida nos forza interiormente a afirmarse naturalmente en lugar de nuestros miedos. Es también un asunto delicado cuando nos hacemos conscientes de cuán profundamente hemos estado condicionados y cuán fuertemente hemos sido influenciados por las actitudes y comportamientos negativos de la vida. Es fácil sentirse perdidos en el enojo, el resentimiento y la culpa. Necesitamos sentir la forma en la que nuestro condicionamiento ha cerrado nuestra energía y nuestros sentimientos y al mismo tiempo no nos sirve para albergar la culpa y resentimiento. Encontré que necesitaba pasar por un periodo de furia que me permitiera sentir mi enojo y resentimiento hacia aquello en lo que crecí. Pero después, vino un tiempo cuando estaba listo para dejar ir el enojo y resentimiento y agradecer a mis padres y mis raíces por mis regalos, belleza y amor que recibí.

“Cada generación sigue dando sus enfermedades
A la nueva generación, y naturalmente
La nueva generación lleva más y más carga
Tu eres el heredero de todos los conceptos represivos
De toda la historia”
-Osho

Ejercicio.
Explorando la infección.

1.Examina cada creencia y comportamiento acerca de las siguientes áreas (y escribelas) sexo, espiritualidad, poder, individualidad, sentimientos, dinero, relaciones y matrimonio, responsabilidad y libertad, familia, comida y cuerpo, trabajo y relajación.  
2.Pregúntate:
*¿De donde viene esto?
*¿Mis padres tienen la misma actitud?
*Revisa las creencias en relación a la clase, religión y cultura en la que creciste.
* ¿Cómo sería si no escuchara estas creencias o no me comportara como pienso que debería hacerlo?