lunes, 25 de agosto de 2014

Capitulo 12. Pena y culpa.



Capitulo 12. Pena y culpa.

Otra de las experiencias internas de nuestro niño emocional es la pena y culpa. Pena es el profundo sentimiento de no ser suficiente. Yo creo que cada uno de nosotros tiene sus propias palabras para describir esta experiencia interior. Pero de cualquier forma en la que se describa, no debe ser buena.

Cuando fui tomado por mi pena, incluso no podía sentirme. No solo no tuve una experiencia positiva de mi mismo, no tuve ninguna experiencia. Mi energía desapareció, todo parecía como mucho esfuerzo. No podía imaginar que podía ser competente en algo y que nadie podía amarme y respetarme. Si alguien me preguntaba “¿Cómo te sientes?”  venía un pensamiento de que la persona hablaba un lenguaje de que no conocía.

Para empeorar las cosas, empecé a comportarme en formas que reforzaban esos sentimientos. Empecé a decir cosas estúpidas, hacer todo tipo de errores, comencé a dejar desastres a mi alrededor y a no completar las cosas que estaba haciendo o hacerlas de forma desastrosa, era como estar aturdido. después me sentí culpable por ser un obstáculo e irme profundamente dentro de un hoyo. Desde este lugar, podía mirar y ver el mundo donde todos los demás eran exitosos pero yo siempre era una total fracaso. Cuando estaba en este lugar, normalmente no podía imaginar que había algo más. Creía que eso era quién era, es así como es la vida y nada cambiaría.

Un día, a la mitad de la redacción de este capítulo, estaba sentado en una peluquería en Sedona, Arizona donde vivimos, esperando por el corte de pelo. Una mujer estaba finalizando de tener su corte, se detuvo brevemente a mirarse a sí misma en el espejo y se alejo de tal forma que nadie la pudo ver. En realidad era una mujer atractiva pero contuvo su cuerpo y camino de tal forma que podría decir que ella no pensaba de esa forma.

Si sostenemos un espejo frente a nosotros, la primera impresión normalmente es pena. Invariablemente encontraremos algo que no esta bien y que necesita ser mejorado. ¿Recuerdas la última vez que te sentiste excluido o que no pertenecías a algo? ¿O la última vez en la que te sentiste rechazado o fracasado en algo importante? ¿O cuando estuviste con alguien y dijiste algo inapropiado?  ¿O cuando estuviste con alguien que respetas y no pudiste ser tu mismo? esos momentos provocan nuestra pena. ¿Puedes recordar cómo se sienten esas experiencias? Cuando la pena nos toma, sentimos como que no estamos bien en la manera en que somos. Podemos sentir nuestra pena extremadamente en lo que llamamos, “ataques de pena”, pero básicamente está todo el tiempo. Para algunos de nosotros, la pena nos invalida .



Las voces de pena.

Nuestra pena es reforzada por nuestras voces internas quienes constantemente nos evalúan y nos recuerdan que somos defectuosos y que tenemos que cambiar para ser mejores. Hacerlo, para ser un ganador, alguien exitoso. Llamamos a esto  “ el juez que empuja” el cual estaré citando en mayor detalle en el siguiente capítulo. Sin nuestra pena, “el juez que empuja” podría incluso no existir. Nuestra pena nos dice que todo lo que puede decir “el juez que empuja”  es absolutamente cierto.

El más paralizante aspecto de la pena es apartarnos de sentirnos -nos separa de nuestro centro. La pena nos hace sentir desconectados de la experiencia de sentirnos en casa. Y para muchos de nosotros que hemos sentido pena por mucho tiempo, nunca hemos sabido como es sentirse en casa. Nos hemos identificado con nuestra pena.

Hace algún tiempo atendí un entrenamiento de tres años de sanar traumas, consistente en cuatro días tres veces por año. Por el intenso horario manejado en los talleres, tuve que atender cada sección en diferente lugar, con diferentes profesores, siempre con nuevas personas. Me di cuenta, especialmente en el inicio que me sentí extremadamente inseguro. Incapaz, de esconderse detrás de mi acostumbrado rol de líder, me pude sentir torpe y como recién llegado al bloque. Cuando la gente tomó el descanso, quise ser incluido en una de las reuniones pero fue demasiado vergonzoso preguntar si podía integrarme. Finalmente, superé mi orgullo y me arriesgue a pedirlo y la gente me recibió amorosa y abiertamente. Me ayudó saber que era la pena lo que estaba sintiendo, que fue natural desde que fui nuevo y fui ocupando mi papel. Me permití sentirlo y a través de preguntar a la gente si podía unirme, de alguna manera lo superé. Para el tercer día, me sentí incluido y la pena desapareció.

“Ganador” o “Perdedor” son iguales en pena.

Todo lo que tenemos es pena, pero cada uno la maneja diferente. Para algunos de nosotros, nuestra pena esta en la superficie y estamos constantemente plagados con sentimientos de inadecuación. Podemos estar profundamente identificados con ser un “perdedor”. Otros de nosotros alternan entre sentirse sin valor o adecuados dependiendo de cómo estemos en el mundo. El éxito nos eleva, mientras que los fracasos nos hunden. Vamos adelante y de regreso entre sentirnos inferiores o superiores, un “ganador” o un “perdedor”, dependiendo de la retroalimentación que tengamos. Esto siempre fue así para mi.

Hay otros de nosotros quienes han compensado muy bien la pena por el ser “exitosos” tanto que podemos ver a otros como “perdedores” mientras creemos que somos los “ganadores”. Pero por aquello que hemos compensado nuestra pena, nos puede tomar un trauma de pérdida, rechazo, enfermedad, accidente o cansancio por ser una persona que mira profundamente y descubre la pena detrás de una máscara.


Siempre he vivido con la creencia de que cuando los pensamientos y sentimientos de  fracaso y de ser inservible aparecen, la acción es no ir dentro de ellos, y tratar con todas las fuerzas. Mi pena siempre estuvo ahí pero creí que ir hacia ella era un signo de debilidad y flojera. Además, si me dejaba adentrar no veía ningún valor al permitirme sentir pena. Pero tuve que ver que cuando no tomo el camino hacia la pena, no me puedo encontrar. Ya sea cuando colapsamos en pena o la compensamos para superarla, nuestra vida interna recuerda ser manejada por pena.

En el camino del verdadero propio descubrimiento, intimamos más profundamente con este sentimiento interno que dice “Soy inadecuado, soy un fracaso y por lo tanto tengo que esconder mis inadecuaciones u otros sabrán la verdad acerca de mi”. Es una parte crucial del camino porque nos hace más humanos. Es un tipo de rito. Cuando cubro mi pena con compensaciones, empiezo a sentir que estoy alejándome de mi mismo. Ese es un miedo al acecho debajo de la superficie, que no se va a pesar de todos los esfuerzos por superarlos.

El ciclo de pena.

Muchos de los comportamientos automáticos provienen de nuestra pena. Con una apenada identidad, no confiamos en nosotros mismos y en nuestra estima, la atención y el amor dependen de otros. Nos convertimos en complacientes, hacedores, rescatadores -cualquier rol y comportamiento nos dice cuán desesperadamente  necesitamos cubrir el vacío que la pena nos trae. Creí que mi valor y sustento dependía de lo que hiciera -sin mis logros, no sería nadie. Las mujeres constantemente identifican su valor con ser amadas y cuánto reciben mientras que los hombres se evalúan a sí mismos en cómo se desempeñan.

Nuestra pena herida nos lleva a un trance de pena. Desde este trance, vemos el mundo como peligroso, una jungla competitiva donde es sólo lucha y no amor. Desde éste trance, también creemos que si no luchamos, competimos y comparamos no sobreviviremos. Y finalmente desde nuestro trance de pena creemos que otros son mejores, más adorables, más exitosos, más sensibles, más espirituales, más cordiales, más valientes, más conscientes y otros. Todos estos pensamientos acerca del mundo y otras personas también perpetúan nuestra pena porque afecta como la gente nos ve y nos relacionamos. El mensaje que emitimos desde nuestro trance de pena es básicamente: “no soy digno de ser amado y respetado por lo que me puedes rechazar, abusar o tomar ventaja de cualquier forma en el momento que gustes”.

Desde nuestro propio sentido de pena, vamos hacia otros buscando validación. Vivimos en compromiso. Nos relacionamos desde el compromiso. A medida que nos acostumbramos a vernos como a alguien que compromete, nuestra propia imagen de pena profundiza. Este comportamiento invita al rechazo e incluso nos hace sentir menos autoestima. Desde nuestra fracturada imagen propia,  nuestra tensión interna se construye y nos podemos mover fácilmente dentro de algunas formas de comportamiento adictivo y compulsivo. Todo esto se suma a nuestra pena.

El ciclo de pena

Propia imagen de pena


                                         Adicciones                                          Ansiedad



                                         Mas ansiedad                              Comportamiento de pena



Rechazo   


Mientras que la pena es un fenómeno que nos afecta globalmente, es también algo que podemos observar más fuertemente en algunas áreas de nuestra vida y menos en otras. Algunos de nosotros, por nuestro pasado, podemos tener profunda pena e inseguridad conectada a nuestro cuerpo, sexualidad, creatividad, valentía y propia expresión, empezando por los padres hacia nuestros sentimientos y sensibilidades. Esta pena afecta la forma en como nos relacionamos y continuamente nos contiene de abrir nos por completo. Podemos sentir que es una profunda cicatriz en nuestro ser y sentimos desesperanza para superarlo. Desde nuestra pena, tenemos una culpa perpetua. Tenemos siempre el sentimiento de que hicimos algo mal.

En un nivel, más de lo que creemos acerca de nosotros mismos desde nuestra pena aparece la verdad. Las voces de pena parecer validar las experiencias de vida. Nos sentimos sin la posibilidad de ser amados y de ser rechazados. Nos sentimos cobardes y nos podemos ver a nosotros mismos como contraídos para tomar riesgos. Sentimos como que no tenemos nada de valor para dar y nos juzgamos y criticamos. Si esto realmente nos llena ¿cómo salir? ¿cómo podemos penetrar la mentira de la pena?

Saliendo del trance de la pena

He aquí unos simples pasos para sanar la pena.

1. Sentirlo y exponerlo

La pena no es una experiencia genuina de nosotros. Pero no podemos ir más allá sin adentrarnos. No es fácil permitir sentirla sin automáticamente correr dentro de alguna distracción o compensación. Nos hace sentir pesados, aburridos, dormidos y deprimidos, cubriendo nuestra energía vital con una pesada sábana. En la pena, no confiamos e incluso no conocemos lo que sentimos, pensamos, decimos, necesitamos o intuimos. Las “voces de pena” no sólo nos condenan sino todo y todos alrededor también. El mundo aparece como hostil y oscuro. Incluso es difícil compartir que tenemos pena porque todo lo que necesitamos esta oculto. También tenemos miedo de que la gente nos condenará incluso más de lo que nosotros lo hacemos.

Pero a través de entender qué es y de dónde viene, tenemos la habilidad de experimentarlo y exponerlo. A través de tomar el espacio interior para sentirlo, verlo y exponerlo cuando viene, lo sanamos. Nos trae profundidad y sensibilidad.

2. Identificando los detonadores

Una vez que reconocemos que tenemos pena y nos damos el espacio de sentirla cuando aparece, podemos empezar también a identificar los detonadores que provocan nuestra pena. Algunas veces es obvio y otras veces es sutil. Nuestros detonadores personales tienen mucho que ver con nuestra historia original de pena.

3. Conociendo nuestra historia de pena.

Cuando empezamos a entender cómo obtuvimos la pena, nos produce tremenda compasión por nosotros mismos. Empezamos a entender que no hay nada malo con nosotros; nuestros sentimientos de inadecuación vienen de nuestra pena. La pena ocurre cuando nuestro niño en  natural espontaneidad, amor propio y vitalidad es callado y cuando sus necesidades esenciales no son satisfechas. Aparece como resultado de abuso, condenación, comparación o expectación que se deposita en nosotros como niño -Aparece también cuando el niño es infectado con la represión, miedos y actitudes de vida negativas de sus padres o la cultura en la que creció. Y aparece con el abandono y con cualquier tipo de abuso. Cada uno de nosotros tiene su única experiencia de pena.

4. Reconociendo nuestras compensaciones.

Cuando vamos dentro de nuestra pena empezamos a reconocer las formas en las que nos alejamos de ella. Cada uno de nosotros tiene su propia forma de no sentir la pena y una forma de encubrirla, generalmente caemos dentro de una o dos categorías: inflamos o desinflamos. Cuando inflamos estamos presionando nos a hacerlo mejor, ser mejor, trabajar más fuerte, dar una mejor impresión, obtener un trabajo, escalar a la cima, mantenerse en movimiento, etc. Cuando inflamos, llevamos nuestra energía a asegurarnos que la pena no nos dominará. Nunca  se puede estar relajado ya que nos sentimos amenazados por la pena. Desinflar es el lado opuesto, nos rendimos y colapsamos, en lugar de mantenernos en la lucha, desinflar es aventarnos de la torre. Algunos de nosotros nos rendimos tiempo atrás porque era demasiado impresionante y demasiado doloroso mantenerse en la lucha. O podemos rendirnos en algunas áreas mientras que en otras nos mantenemos inflando.

5. Tomando espacio desde el trance.

Muchos de nosotros tenemos momentos cuando somos libres de pena -por ejemplo, en la naturaleza, al crear, al meditar, al amar a alguien, al practicar algún deporte o actividad, etc. Si podemos sentir cómo nos sentimos en esos momentos ayuda a darnos cuenta cuál es el estado de trance. Nos puede dar alguna perspectiva. También dándonos conciencia de diferentes aspectos de nuestra pena - cómo se siente, cómo se produce, de dónde viene y cómo nos mantenemos alejados de ella. -empezamos a identificarla.

Incluso podemos decirnos:
“Esta es mi pena. No es quien yo soy, pero por ahora, me siento fuerte y convincente, elijo dar un paso atrás, mirar y sentir. Me rindo al universo y continuo con mi vida y mi visión de la vida”

Hubo una ocasión cuando no me pude imaginar como alguien con dignidad o alguien centrado, sin embargo llegó, claro que hay momentos en los que mi pena regresa pero no son largos períodos como solían ser. Alguien alguna vez preguntó a mi maestro como uno puede reconectarse con el “Si” interno, el respondió que este sentimiento de “Si” es nuestra naturaleza. A través de aprender a ver nuestra mente negativa, sin juicios o sin tratar de cambiarla, es natural que el  “Si” aparezca por cuenta propia,

6. Tomando pequeños riesgos.

El último ingrediente que nos saca de nuestro estado de trance involucra tomar pequeños riesgos que desafíen nuestra vieja forma de vivir y de vernos. La pena nos limita a vivir, pensar y comportarnos en una forma familiar, una que perpetúa la pena al ciclo de la pena. Cuando tomamos un riesgo, rompemos el ciclo de negatividad, Este riesgo puede ser sólo acerca de cualquier cosa -comunicar nos cuando normalmente estaríamos en aislamiento, hacer algo que desafíe nuestro condicionamiento, tomar un viaje que nos aleje de nuestra ciudad o país, teniendo diferentes tipos de amigos, empezar una nueva actividad y otros.

Tengo un amigo cercano quien ahora es terapeuta con una próspera carrera en Oslo. Pero antes de eso, trabajó durante once años como gerente de una fábrica de chocolate. Era tan desgraciado cuando estaba en ese trabajo que se encerraba en su oficina a comer chocolate hasta que se sentía enfermo. Ahora bromeamos que pasar por la pena es como sobrevivir “once años en la fábrica de chocolate”

“El niño -cada niño alrededor de la Tierra, en todas las sociedades-
Es forzado a renunciar a su ser
Es forzado a aceptar las opiniones de otros acerca de si mismo
Cada niño nace aceptándose a sí mismo tal como es
Cada niño nace con un gran amor a sí mismo
Tiene amor propio, respeto propio porque no tiene una mente todavía”
-Osho
Ejercicios:

1. Localizando nuestras áreas de pena.

La pena nos puede golpear en cualquier nivel de nuestro ser. En este ejercicio, se puede obtener conciencia de áreas específicas de la pena, Con cada área escribe cualquier sentimiento de pena, inferioridad, inseguridad o inadecuación que sientas.

* Sexualidad- por ejemplo potencia, orgasmos, interés, miedos

* Cuerpo y apariencia- por ejemplo. forma y talla, atractividad, edad, ropa

* Sobrevivencia - por ejemplo, habilidad para ganar dinero, seguridad

* Sentimientos - por ejemplo, habilidad para sentir tristeza, apertura, sensibilidad

* Poder -por ejemplo, asertividad, habilidad para sentir y expresar furia, conocer y expresar lo que necesitas, o ser irresponsable, flojo, impresionable y controlado por miedos

*Alegría -por ejemplo, habilidad para ser espontáneo, sentimiento de ser demasiado serio o responsable.

* Creatividad -por ejemplo. reconociendo y ser capaz de expresar tus  dones

*Claridad -por ejemplo, viviendo tu vida como quieres, identificando tus prioridades en la vida.

2. Conciencia de compensación

¿Cómo te comportaste y te comportas en pena? ¿Cómo tratas con tus miedos?

* Contigo mismo - ¿Pretendes que no esta ahí? ¿Te juzgas a ti mismo? ¿Colapsas? ¿Presionas rápido y fuertemente?

* Con otros - ¿Te alejas de tu mundo? ¿Peleas o atacas? ¿Tratas de complacer? ¿De ser entretenido? ¿Defendiéndote a tí mismo?

* Encontrando una manera de distraerte a ti mismo -¿Con alguna sustancia o actividad?

3. Siendo con pena

¿Puedes identificar cuándo es para ti que estás atrapado en pena?

* ¿Cómo se siente?
*¿Como ves el mundo cuando estas en el estado de trance de pena?

*¿Que piensas que los demás piensan de ti?

*¿Qué piensas acerca de ti mismo?

*¿Que necesitas de los demás?

4. Tomando espacio
¿Puedes pensar en alguna actividad que puedas hacer y que te haga sentir feliz? ¿O alguna situación recientemente que te haya hecho feliz? Describe el sentimiento (Ese es tu estado esencial)








  

No hay comentarios:

Publicar un comentario