Miedo
Kristin, una amiga noruega, siente miedo al agua. Ella no tiene idea de donde viene pero la sola idea de pensar de ir al océano la llena de terror, lo que realmente es muy poco noruego. Nathan, otro amigo, tiene don de músico pero nunca toca ya que se paraliza en un estado de terror. Andreas, un ingeniero suizo quien ha venido a varios de nuestros talleres, tiene un puesto de mucha responsabilidad en el gobierno de su ciudad, pero está aterrado de no estar de acuerdo o confrontar a nadie en la menor forma.
Muchos de nosotros tenemos estos inexplicables e irracionales miedos. Yo tengo un sueño recurrente en que estoy a punto de tener un examen pero no estoy preparado y otro en el cual estoy solo y buscando desesperadamente a Amana pero no soy capaz de encontrarla. Cuando éxploro profundamente mi interior encuentro mucho miedo. Lo puedo atribuir a diferentes motivos pero básicamente es porque es un sentimiento interno que puede ser tomado como pequeñas e insignificantes cosas. Y parece como si la asustada parte del más viejo y quizás más sensitivo hombre en el que me he convertido, sintiera con mayor intensidad. Sospecho que siempre estuvo ahí pero la cubrí tan efectivamente que no podía sentirlo o reconocerlo tan claramente con anterioridad.
El miedo es profundo, irracional y misterioso.
Miedo es otra de las cualidades cardinales de nuestro niño emocional. Es fácil de apreciar porque esta profunda parte de nosotros es muy poderosa una vez que entendemos cuánto miedo cargamos todo el tiempo. En el punto más plano de nuestra conciencia podemos empezar a ver que mucho de nuestro miedo es ilusión y muchos vienen de experiencias pasadas. Debemos saber que estamos envueltos en una existencia benevolente. Sé que el miedo es constantemente producto de condicionamientos y traumas pasados. También sé que la mayor parte del tiempo no hay nada racional manejando mi miedo. He vislumbrado que no hay nada que temer y en lo profundo sé que esto es cierto. Pero, sigo en la base de que el miedo surge frecuentemente por varias razones y en diferentes situaciones y algunas veces sin razones aparentes.
Una vez que me detuve y pude alejarme de mis miedos me asombré al ver que tan fuerte puede ser algunas veces. Y me impacto el ver que hay un trasfondo de miedo crónico interno la mayor parte del tiempo. El miedo puede ser incrementado por estrés, críticas o pérdidas, pero solo porque ya se encontraba ahí previamente. Sospecho que muchos o probablemente la mayoría de nosotros, tenemos un profundo miedo interno que cubrimos con todo tipo de compensaciones y distracciones. Algunas veces, podemos sentir miedo e inquietud, ansiedad o pánico. Pero muchas veces, no experimentamos el miedo directamente , lo sentimos como algún tipo de perturbación o contracción en el cuerpo, como un corte en la respiración, irritabilidad, mal humor, problemas con la digestión, ardor en el estómago y otros. El miedo es una forma de inmovilizar que puede producir parálisis, disfunción sexual, incapacidad para hablar o tartamudeo, confusión y olvidos y muchos otros síntomas corporales. De acuerdo con mi experiencia trabajando con personas a través de los años, me di cuenta que los miedos no identificados y no sentidos encubiertos en nuestro comportamiento compulsivo, producen enfermedad, depresión e irritabilidad.
El miedo de traumas pasados vive en nuestro sistema nervioso.
El miedo aparece cuando nos enfrentamos con algún peligro, esto está sustentado en el pasado. Proviene de experiencias y condicionamientos que viven en tu mente y en el sistema nervioso. Nuestra mente ha sido impregnada con experiencias negativas, traumas y por los pensamientos de miedo de nuestros padres, ancestros y la misma cultura. Ahora, los miedos están latentes en nuestros sistemas nerviosos. Y este proceso es totalmente inconsciente.
A través de observar los miedos cercanamente, sin juicios. Puedo reconocer que la mayor parte del tiempo ellos tienen una pequeña o nula base. Algunas veces, puedo identificar que el miedo viene de uno o de los dos de nuestros padres y cómo han sido sutilmente deslizados dentro de mi propio pensamiento. Por ejemplo, cuando era joven los miedos acerca del dinero y de sobrevivir siempre prevalecieron, incluso pensé que no tendría que luchar porque mis padres crecieron durante los años de depresión. Pero gran del tiempo, hay una poca de conciencia entre el estímulo y el trauma original.
Para aceptar el miedo se empieza con el conocimiento de él.
Aceptar el miedo, es nuestro primer paso en el conocimiento de que esta ahí. Hay una historia que mi padre solía decirme cuando era niño. Es la historia de un pequeño niño quien estaba aterrado de “kreplach”. “Kreplach” era un raviol judío. Un dia su madre tomó al pequeño y le dijo que le iba a mostrar que no había nada que temer del “kreplach”. Lo tomo dentro de la cocina y lo sentó. Tomando una pieza de masa, le pregunto que si tenía miedo.
“No”, él contestó. Ella corto un cuadro de la masa.
“¿Algo de miedo a esto?”, ella preguntó
“No”. Después ella todo un pedazo de carne molida y la puso en medio de la masa.
“¿Algo?”
“No, por supuesto que no” El respondió.
Después ella tomó una esquina y la dobló para cubrir la carne.
“¿Estás asustado?”, ella preguntó.
“No”. Ella tomó otra esquina y la dobló de la misma forma.
“¿Ya estás asustado?”
“No”. Ella tomó la tercera esquina y la dobló.
“¿Asustado?”
“No”. Finalmente, ella tomo la última esquina y la dobló para cubrir por completo.
“Ahhhh, kreplach”
Así es como el miedo puede ser, tan irracional como ver el “kreplach”.
Hay razones para nuestro miedo.
El segundo aspecto de aprender para aceptar el miedo es darse cuenta que hay amplias razones para tenerlo incluso si no sabemos cuáles son las razones. Hay muchos recursos para el miedo de nuestro niño. Primero de nada, para un ser sensible, no es posible crecer en nuestro estrés, represión, competitividad, moralismo, el mundo occidental sin desarrollar los miedos profundos. Después hay un trauma de nacer dentro de un cuerpo físico y la manera en como muchos de nosotros nacimos. Los incontables traumas que experimentamos en la niñez se adicionan a este trauma del nacimiento. Cualquier rigor o invasión incluso de forma sutil es totalmente impresionante en nuestra sensibilidad natural. Finalmente, es simple la inseguridad de vivir en un mundo donde básicamente somos indefensos en relación a la fuerza de vida.
No hay manera de evadir los traumas de la niñez no importando cuan perfectos fueron nuestros padres. Sanamos, no por culpar o sentir resentimiento hacia las personas o situaciones que nos traumaron, sino a través de darse cuenta y sintiendo su impacto.
Si nos ponemos en los zapatos de un niño pequeño e imaginamos que lo que debió haber sido pasar por estas experiencias, empezamos a sentir el impacto del trauma. Yendo a través de este proceso, he desarrollado compasión por mi mismo. Me ha hecho más humano y no arrepentirme o tener resentimiento a nada que me haya pasado. De hecho, descubrir mi dolor de experiencias pasadas me ha hecho más fuerte, más humano, más compasivo y más vivo.
Los dos miedos básicos.
Tenemos muchos miedos que coexisten al mismo tiempo, sin embargo hay dos miedos básicos. Uno es al no sobrevivir. Y el segundo es no recibir amor. Cuando empecé a examinar mis miedos y mis comportamientos más cercanamente, encontré que gran parte de mi vida había estado orientada a estos dos miedos de una forma u otra. Nuestra cultura no nos enseña a acercarnos de buen modo al miedo. Yo aprendí a negarlo. Luchaba por imaginar y convencer a los demás y a mí mismo qué mis miedos no existieron y sentí vergüenza por tenerlos.
Recuerdo claramente dos incidentes en mi vida que trajeron esta actitud negativa hacia mis miedos. La primera fue durante la universidad. Mi compañero de cuarto intento suicidarse y cuando fui a visitarlo en el hospital, recordé que era totalmente incapaz de comprender porque hizo algo “tan estúpido”. Incluso no pude entender el miedo y dolor que él sentía. El segundo paso años después, me fui a escalar a una roca en un mes de aventura, a la mitad de la escalada, perdí el paso y casi suelto las cuerdas. Recuerdo diciéndome a mi mismo “maldita montaña, voy a conquistarte!. Después me di cuenta, qué tan fuera de contacto estuve. A través de usar mi fuerza de voluntad para llevarme a través de la vida, me di cuenta de estuve a punto de perder la vida.
Cuando no tenemos una aceptación amistosa de nuestros miedos, no tenemos una amistosa relación con nuestra sensibilidad tampoco. Y si no tenemos una manera armoniosa de manejar nuestros miedos, nunca aprenderemos a tener una sana relación con nuestro poder. Consideramos poder a la ausencia de miedo más que la natural aceptación de ellos. Con esta condición negativa acerca del miedo, aprendemos a sentir vergüenza por nuestra sensibilidad y vulnerabilidad en lugar de apreciar la belleza de estas cualidades. Nuestro poder nos convierte en agresivos más que en centrados.
Generalmente no es muy efectivo alejarse del miedo porque se mostrara de una forma u otra. Cuando tomé los exámenes para entrar a la universidad, tenía muchos nervios que no pude leer las preguntas de la página. Cuando hemos reprimido nuestro lado sensitivo, puede manifestarse de formas inesperadas y sorpresivas o lo podemos proyectar en nuestra pareja. Yo también lo hice. Mi primer amor fue una persona profundamente sensible que había pasado muchos años en terapia solo para encontrar la fuerza y seguridad para vivir cada día. Enfrentándose a la vida como un constante reto para ella. No pude entender porque ella tenía tanta dificultad, hasta que entendí la mejor forma de superar el miedo para pasar a través de él.
Cuando el lado de compensación condena nuestro lado sensitivo por estos miedos, nuestro lado sensitivo esconde o toma venganza con un sutil sabotage. Se convierte en una constante fuerza interna.
En un nivel más profundo, podemos tener miedo de que si aceptamos nuestro miedo, él tomará nuestra vida. Explorar mis miedos, no lo volvió más poderoso como esperaba sino lo contrario.
Sintiendo miedo en el cuerpo.
La tercera parte de aprender a aceptar el miedo es empezando a reconocer cómo se siente en nuestra mente y cuerpo cuando aparece. Cuando nos convertimos en irritables y precipitados, es siempre un buen signo de que nuestro niño asustado ha tomado el mando. Cuando nuestro miedo se mantiene, podemos experimentarlo convirtiéndose en agresivo, hiperactivo, vigilante, precipitado, ansioso e incluso aterrado. Nos podemos sacudir, nuestro corazón latirá más rápido, nuestro pecho se contraerá, nuestra respiración será menos profunda, nuestras palmas sudaran, nos podremos sentir confundidos, congelados, entumecidos o paralizados. Y podemos empezar a obsesionarnos por todo y todos. Si algo como un rechazo, critica, pérdida, decepción o falla genera nuestro miedo, nuestra mente empieza a generar los más terribles escenarios. Mirar al miedo con compasión significa observar ese fenómeno de mente y cuerpo con amor y entendimiento.
“Sientes miedo.
Ahora el miedo es una realidad existencial,
Una realidad experimental;
Esta ahí
Tu puedes rechazarla;
Por al rechazarla tu la reprimes
Con reprimirla, puedes crear una herida en tu ser
-Osho
Ejercicio
Explorando el miedo
1.Empieza por escribir o traer conciencia a tu profundo miedo en relación a:
* Acercarte a otra persona
* Expresar tu creatividad
* Ser seguro financieramente
Pregúntate a ti mismo, en qué formas estos miedos vienen de ¿cómo me enseñaron que debía pensar? ¿En qué formas estos miedos vienen de experiencias traumáticas de mi pasado?.
2. Con tu mano no dominante (imagina que es tu niño interno hablando) escribe cuáles son tus miedos y porqué están ahí.
3. ¿Cómo te sientes acerca de tener estos miedos? ¿Los juzgas? En el caso de que la respuesta sea afirmativa, ¿Cuáles son tus juicios?
4. ¿Cuál fue el mensaje que recibiste (verbal y no verbal) acerca de cómo manejar los miedos? ¿Los minimizaste? ¿Te forzaste a superarlos? ¿Cediste ante ellos? ¿No cediste ante ellos?
5.¿ Hay una división interna entre un lado de ti que presiona y juega y otro lado que tiene miedo?
Describe esta división en una imagen. ¿Cómo te sientes esta división?
Una simple meditación sobre como tratar con el miedo.
Cuando identificas que el miedo está apareciendo, toma un momento para cerrar tus ojos. Permite resolver a través de darte cuenta y sentir el aliento que viene y va. Puedes incluso contar las respiraciones yendo y viniendo arriba de veinte.
Después cambia tu atención a cómo experimentas el miedo en el cuerpo -identifica la calidad de tu respiración -es pequeña o profunda, ve tu pecho - se siente rígido o relajado. Mira tu plexo solar y vientre -es rígido o relajado.
Ahora identifica cuales son los pensamientos específicos que están conectados con el miedo (los podemos llamar “los pensamientos de miedo”. Tan pronto como seas consciente de cada pensamiento, conscientemente deja los ir, mirando y disolviendo tal como una nube desapareciendo.
Ahora regresa a tu respiración, tu pecho y vientre. ¿Algo cambio?

No hay comentarios:
Publicar un comentario